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Luchar contra la COVID-19 en un contexto límite como el de Burkina Faso

Fotografía: José Luis Rod

Luchar contra la COVID-19 en un contexto límite como el de Burkina Faso

Un informe de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para África (UNECA) calcula que la COVID-19 matará al menos a 300.000 africanos y africanas y empujará a la pobreza extrema a 29 millones más.
Esencial
  • Burkina Faso es el epicentro de la epidemia en África occidental
  • El país cuenta con 1.626 facultativos y 16.945 enfermeras y enfermeros para abordar los problemas de salud de más de 20 millones de personas

Burkina Faso ya se enfrentaba a una de las crisis humanitarias de más rápido crecimiento en el mundo: más de 800.000 personas desplazadas en el norte y centro del país. A esta compleja tesitura hoy suma ser el epicentro de la crisis de la COVID-19 en el África occidental, con 635 casos confirmados en el país y 42 muertes causadas por el virus, la mayor tasa de letalidad entre los países de su entorno.

El impacto sanitario, económico y social de la pandemia en Burkina, como en tantos otros países del África subsahariana, va a ser previsiblemente mucho mayor que en Europa. Un informe de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para África (UNECA) calcula que la COVID-19 matará al menos a 300.000 africanos y africanas y empujará a la pobreza extrema a 29 millones más.

"Esta pandemia se suma en esta parte del mundo a crisis humanitarias, sequías, conflictos políticos y a la escasez crónica de recursos; desde profesionales y equipamiento sanitario hasta trabajos en el sector formal, sin olvidarnos del acceso al agua o los servicios de saneamiento aproximadamente las tres cuartas partes de la población no tiene acceso a instalaciones básicas de higiene en el hogar", explica Ángela Sevillano, coordinadora de Médicos del Mundo en Burkina Faso.

El número de personas vulnerables también es potencialmente mayor, en particular aquellas que sufren de comorbilidades (malnutrición, malaria, tuberculosis o VIH, entre otras), desplazadas internas, refugiadas y comunidades de acogida de estas poblaciones.

Una parte importante de la población se enfrenta a diario a unas condiciones de vida duras. En el límite de la supervivencia, muchas familias gastan entre el 60% y el 80% de sus ingresos en comer. Según un informe elaborado recientemente entre varios organismos internacionales como el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la FAO, la COVID-19 podría casi duplicar los 135 millones de personas que experimentaron inseguridad alimentaria extrema en 55 países en 2019, pudiendo alcanzarse hasta 265 millones de personas malnutridas en 2020.

Reducir la transmisión de la COVID-9 en un contexto así es crucial, pero también lo es que estas personas puedan cubrir sus necesidades básicas inmediatas, como la alimentación, pero también el alquiler, el transporte, etc. En África subsahariana los sistemas nacionales de salud son extremadamente precarios y están infrafinanciados e infradotados, tanto de personal sanitario, como de equipamiento, hospitales, laboratorios, etc. Así, la capacidad de respuesta ante una pandemia como la del COVID19 es limitada. 

Burkina cuenta con 1.626 facultativos y 16.945 enfermeras y enfermeros para abordar los problemas de salud de más de 20 millones de personas. Madrid tiene 6,6 millones de habitantes y cuenta con 16.861 facultativos y 20.965 enfermeras y enfermeros. La comparativa en el número de hospitales no es mucho mejor: Madrid cuenta con 33 hospitales de la red del servicio madrileño de salud para 6,6 millones de habitantes y Burkina con 13 centros hospitalarios públicos para más de 20 millones de personas. Por no hablar de la escasez de camas de UCI, respiradores (menos de una decena actualmente para todo el país), kits de test etc. En este contexto, hacer un seguimiento epidemiológico y dar una respuesta sanitaria adecuada está lejos de la realidad.

Además, cuando países como Burkina quiera adquirir el material sanitario necesario para responder a la pandemia van a encontrarse con un mercado dominado por aquellos países que pueden pagar el precio más alto, con el que no pueden competir, y sin capacidad interna para producir los equipos necesarios.

Sin embargo, hay una excepción: las mascarillas. Son un producto muy utilizado para protegerse contra el fino polvo sahariano, omnipresente en la vida burkinabé, aunque no son modelos homologados a nivel sanitario, sino una simple mascarilla de tela. Este polvo, por otra parte, provoca una gran incidencia de enfermedades respiratorias en la población que son otra vulnerabilidad más frente al virus.

 

Centros de salud que no funcionan
La situación actual de violencia en el país, e scenario de constantes ataques protagonizados por grupos terroristas, es una amenaza importante para la seguridad de la región del Sahel. Esta tesitura limita la funcionalidad de muchos centros de salud en el norte del país, la zona más afectada por el conflicto. Por ende, la capacidad de detección y asistencia de casos de COVID-19 se ve directamente afectada.

Según datos del Ministerio de Salud de Burkina, a fecha del pasado 2 de abril había 133 centros sanitarios cerrados y 156 en servicios mínimos (con un funcionamiento puntual y con personal reducido) en las cinco regiones más afectadas por la inseguridad Sahel, Norte, Centro Norte, Boucle du Mouhoun y Este. Esto supone más del 30% de las estructuras sanitarias de dichas regiones y deja a más de un millón y medio de personas sin acceso a atención sanitaria.

En la región Sahel, la más afectada por la violencia, el porcentaje de centros sanitarios cerrados o en servicios mínimos a causa del conflicto alcanza el 90% en algunos distritos como el de Djibo, con 39 de sus 43 centros de salud cerrados. Médicos del Mundo, que trabaja en esta zona bajo medidas de seguridad extremas, entiende la complejidad de detectar casos de este coronavirus en un contexto así.

El gran reto de las medidas de prevención y control
Otro gran reto es el de introducir las medidas de prevención y control que se recomiendan, como la higiene y el distanciamiento físico. Hay que entender cómo vive y sobrevive cada sociedad para ajustar las medidas a sus contextos. E l tamaño de los hogares, el limitado acceso al agua, la intensa mezcla social entre personas jóvenes y ancianas y los medios de vida basados en la interacción diaria  y frecuente para generar ingresos suficientes para alimentarse son todo un reto para implementar tales medidas de higiene y distanciamiento.

La mayoría de la población vive al día y realiza visitas diarias a los mercados porque no hay capacidad financiera para comprar a granel y almacenar, ni capacidad energética para conservar productos frescos. El confinamiento también podría ser muy difícil si no imposiblede implementar en zonas donde la población carece incluso de un refugio adecuado, como en áreas que albergan a un gran número de personas desplazadas.

Las medidas de confinamiento castigan doblemente a la población más vulnerable, que e s privada de sus medios de vida. ¿Morir del COVID19 o morir de hambre? Para mucha gente no es una cuestión: comer hoy es su única preocupación.

 

¿Qué hace Médicos del Mundo en Burkina Faso?
En esta crisis, junto al Ministerio de Salud diseñamos los protocolos de prevención y control de la infección (PCI). Reforzamos las capacidades de los centros de salud y hospitales en siete distritos sanitarios para la prevención del contagio y el tratamiento de casos positivos no complejos, a través de la dotación de materiales y kits PCI, la formación del personal sanitario y la colocación de paneles de sensibilización y sistemas de triage a la entrada de los centros hospitalarios principales.

Además, trabajamos en la sensibilización de la población a nivel comunitario, tratando de involucrar a líderes tradicionales, religiosos, de agrupaciones juveniles y de mujeres, etc. en la adhesión y difusión de mensajes clave que ayuden a frenar la propagación del virus.

Fuera de esta crisis sanitaria, nuestra organziación facilita el acceso a la atención sanitaria de la población más vulnerable afectada por el conflicto, principalmente personas desplazadas, y lucha contra la malnutrición aguda en niños y niñas menores de 5 años en las regiones de Sahel y Centro Norte. Llevamos a cabo programas de reducción de la mortalidad infantil ligada a la malnutrición aguda. Lo hace apoyando a los hospitales regionales, en cuya unidad pediátrica se ubican los Centros de Recuperación y Educación Nutricional Internos (CRENI). Además, se trabaja en reforzar la sensibilización, la detección precoz y la referencia temprana en los centros de salud.

Por último, desarrollamos varios proyectos de mejora de los servicios de salud sexual y reproductiva, en particular para adolescentes y población en riesgo de exclusión.

Para Médicos del Mundo es esencial el fortalecimiento de los sistemas públicos con el fin de disfrutar de una sanidad pública y universal, y por eso trabaja codo con codo con el Ministerio de Salud. En este sentido se impulsan acciones de incidencia política a nivel local, nacional y regional para la mejora y aplicación de políticas de salud, de acuerdo con los derechos humanos y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Foto de José Luis Rod.