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'Una abstinencia forzosa'

Fotografía: Médicos del Mundo Comunidad Valenciana

'Una abstinencia forzosa'

A pesar de los esfuerzos de los recursos públicos, muchas personas no han podido sostener la convivencia en los centros habilitados o han optado por continuar en la calle, en la mayoría de casos, por miedo al contagio de la COVID-19.  
Esencial
  • El síndrome de abstinencia forzoso sin apoyo psicosocial y farmacológico puede tener graves consecuencias para la salud  
  • Las personas sin hogar y con problemas de salud mental y adicciones necesitan recursos adaptados para poder sobrellevar un período de confinamiento 

Desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró oficialmente la pandemia mundial por COVID-19, la vida de la ciudadanía ha cambiado profundamente. Uno de los motivos es la incorporación a nuestra vida diaria de medidas de higiene obligatorias, distanciamiento social, restricciones de la movilidad, cierre temporal de fronteras y el cese de actividades productivas no básicas. Además, todo esto se da en una situación de control policial y de recorte de libertades públicas sin precedentes en nuestra democracia. 

En el caso de las medidas de prevención, especialmente las relacionadas con confinamiento, varios especialistasi destacan las consecuencias para la salud derivadas de la inactividad física o del aislamiento social. A pesar de que estas consecuencias afectan a toda la población, la comunidad científica y los agentes sociales estamos alertando sobre la grave situación de las personas sin hogar con problemas de salud mental y adicciones, lo que se conoce como patología dual. 

A este respecto, las personas sin hogar, además de tener una menor esperanza de vida y ser más vulnerables a los problemas derivados de la patología dual, tienen también mayor riesgo de enfermedad e incluso de fallecimiento si desarrollan el virus. Una sencilla medida como el lavado frecuente de manos con agua y jabón, para evitar el contagio, se convierte en una meta difícil de alcanzar para ellas. Además, sin soluciones urgentes y adaptadas, estas personas pueden quedarse en una especie de limbo de desatención.   

Otros factores agravantes son las barreras de acceso a recursos, las dificultades para recibir información veraz sobre la enfermedad Covid-19, el aumento del consumo de drogas debido a la ansiedad o la depresión, la interrupción brusca tanto de ese consumo como de las alternativas terapéuticas (metadona) o la interrupción de los tratamiento psicológicos o farmacológicos provocado por el colapso sanitario. 

 

El impacto en las personas  

A pesar de los esfuerzos de los recursos públicos, muchas personas no han podido sostener la convivencia en los centros habilitados o han optado por continuar en la calle, en la mayoría de casos, por miedo al contagio de la COVID-19.  

La evidencia empírica demuestra cómo algunas de estas personas que se han quedado en la calle, en asentamientos o casas ocupadas, confinadas y aisladas, sin recursos económicos ni posibilidad de desplazamiento para conseguir material de consumo, han entrado en un síndrome de abstinencia forzoso.  

Algunas de ellas tuvieron la capacidad de reacción al inicio del confinamiento y acudieron de forma voluntaria a las Unidades de Conductas Adictivas (UCA) y Unidades de Alcohología (UA) para solicitar tratamientos de desintoxicación y deshabituación. Pero otras muchas han estado sufriendo las consecuencias de la abstinencia con todos los riesgos para la salud que supone pasar este síndrome sin ningún apoyo. 

 

Médicos del Mundo en la calle 

Hemos adaptado los proyectos de inclusión social a la emergencia COVID-19. En Valencia, en el centro fijo, un local en el que proporcionábamos servicios de merienda, cena y aseo personal, seguimiento social y sanitario, talleres de reducción de daños en consumo de drogas y apoyo psicológico, hemos adaptado todas estas actividades a las medidas de prevención e iniciado el trabajo de calle en campamentos, casas ocupadas, parques y jardines donde residen las personas sin hogar. 

Este trabajo nos ha permitido identificar a personas con síntomas de abstinencia, a las que hemos acompañado y derivado a las unidades del sistema sanitario especializadas en adicciones, y les hemos proporcionado un seguimiento y un apoyo psicosocial individualizado. En cuanto a la reducción de daños, hemos mantenido la recogida e intercambio de materiales de consumo, como jeringuillas, y hemos realizado formaciones para prevenir el contagio de la COVID-19. 

 

¿Qué oportunidades de aprendizaje nos ofrece esta nueva realidad? 

Durante estos meses de confinamiento, la extrema desprotección de estas personas sigue siendo desconocida para gran parte de la ciudadanía e incluso para la propia Administración. Esta situación de emergencia debería ser a una oportunidad para conocer, entender y apoyar a este colectivo.  

Como entidad que trabaja con personas sin hogar y con adicciones, queremos sacarles de la oscuridad. El “no dejar a nadie atrás” también debe incluirlas. Queremos recordar que son personas con problemas de salud física y mental que, en situaciones de emergencia como la que vivimos, necesitan unos recursos adaptados, como pueden ser los que llamamos “centros de baja exigencia”: espacios de residencia con normas de convivencia adaptadas a su realidad y profesionales que puedan ofrecer los tratamientos psicológicos, sanitarios, sociales y farmacológicos imprescindibles para la deshabituación del consumo de drogas.  

Referencias Bibliográficas  

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