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Vacunas frenadas por muros y líneas de combate

Fotografía: Verònica Tshiama Katubilond

Vacunas frenadas por muros y líneas de combate

Hay sitios donde las vacunas contra la covid-19 no vislumbran una nueva realidad después de este desdichado año: zonas de conflicto y crisis humanitarias. Que la vacuna no llegue es el último de los eslabones de una realidad mucho más compleja, donde el acceso a los servicios de salud es de por sí todo un reto.
Esencial
  • Exigimos a los Estados que garanticen la inclusión de las poblaciones en contextos humanitarios en los marcos nacionales de vacunación 
  • Pedimos facilitar la labor de las organizaciones humanitarias y del personal sanitario encargado de las vacunaciones, tal y como recoge el derecho internacional humanitario 

El colapso o la destrucción de los servicios de salud, la falta de personal sanitario y la precariedad de las infraestructuras en lugares de crisis humanitarias hace muy complejo un acceso equitativo a la vacuna contra la covid, imprescindible para que estos lugares no se conviertan en un reservorio de coronavirus que hagan que esta pandemia mundial no acabe con la vacunación de los países desarrollados.  

No eran pocos los conflictos humanitarios antes de la pandemia: casi 10 años de guerra en Siria, seis en Yemen, caravanas periódicas de migrantes en Centroamérica, refugiados eternos como los palestinos y los saharauis, cientos de miles de personas desplazadas a lo largo y ancho del continente, y un largo etcétera. Y en 2020 las crisis humanitarias no han dejado de crecer: el conflicto de Tigray (Etiopía), más de 500.000 desplazados debido a la violencia de grupos armados en Cabo Delgado (Mozambique), desastres provocados por la crisis climática en América Central y Asia Oriental y el agravio de emergencias prolongadas en países como Burkina Faso, Sudán del Sur, Ucrania, Libia, Bangladesh, etc. Por ello, una situación sin paragón, necesita también de una respuesta excepcional: una vacuna de todos y todas para todas y todos.   

“El aumento de la violencia en Cabo Delgado ha provocado que alrededor de 1,3 millones de personas necesiten ayuda urgente, asistencia humanitaria y protección. Con esta situación, los servicios de salud, agua, saneamiento e higiene, así como educación se han visto seriamente afectados. Hablamos de afrontar la covid en un contexto donde la inseguridad ha dañado o destruido el 36% de las instalaciones sanitarias de la Provincia de Cabo Delgado”, explica Neus Peracuela, coordinadora en Mozambique. 

 Millones de personas se encuentran en una situación de especial vulnerabilidad, desplazadas, refugiadas, bajo conflictos armados o desastres naturales, con poca o ninguna capacidad para cubrir sus necesidades básicas y atrapadas en medio de intereses políticos y militares. En este contexto, asegurar la distribución de la vacuna contra la covid-19 es complejo y requiere de la colaboración de todas las partes implicadas: gobiernos, grupos armados y comunidad internacional.  

Por ello, exigimos a los Estados que garanticen la inclusión de las poblaciones en contextos humanitarios en los marcos nacionales de vacunación. Las partes en conflicto tienen que dar acceso a la vacuna a las poblaciones bajo su control y facilitar la labor de las organizaciones humanitarias y del personal sanitario encargado de las vacunaciones, tal y como recoge el derecho internacional humanitario. Además, los Estados deben reforzar los sistemas de salud esenciales y mantener las campañas de inmunización. 

Impulsamos a un diálogo para que la población en zonas en conflicto goce de un acceso equitativo a la vacuna. 

Garantizar el acceso a las vacunas a toda la población sin discriminación  

De acuerdo con el artículo 56 del Cuarto Convenio de Ginebra, en un contexto de conflicto las potencias ocupantes tienen la obligación de garantizar y mantener la salud pública en el territorio ocupado y deben tomar las medidas preventivas necesarias para combatir la propagación de enfermedades contagiosas y epidemias, así como garantizar el acceso equitativo a las vacunas contra la covid-19 a toda la población. 

Aunque son los Estados los que están en condiciones de adquirir las vacunas -incluso para las personas que se encuentran en zonas controladas por grupos armados-, ninguna de las partes implicadas en un conflicto debe impedir o interferir en la administración de las vacunas.   

Además, impulsamos a un diálogo entre los Estados, las organizaciones humanitarias, los donantes y los grupos armados para elaborar y aplicar acuerdos de vacunación adecuados que garanticen que la población en zonas en conflicto goce de un acceso equitativo a la vacuna. 

 

Dos ejemplos: Palestina y Sudán del Sur 

Israel es el país con la mayor tasa de personas vacunadas del mundo, y pese a la obligación del derecho internacional, los palestinos en Cisjordania y Gaza ocupadas por Israel -con quien el Estado hebreo mantiene un conflicto desde hace más de seis décadas- no son vacunados en igualdad de condiciones. 

Israel lleva lotes de vacunas al interior de Cisjordania, pero solo para los colonos judíos y no para los casi tres millones de palestinos que viven en la zona y que están acostumbrados a que el país no cumpla con el derecho internacional. 

La lista de países en conflicto que frenan la vacunación de personas especialmente vulnerables es amplia, y hay lugares donde la situación de emergencia humanitaria hace que antes que el acceso a la vacuna de la covid-19 haya otras prioridades muy urgentes, que también tienen que ver con salvar vidas. 

“No hay disponibilidad de vacunas y las cadenas de frío son limitadas, así como el personal para administrarlas, el apoyo logístico, etc. Muchas poblaciones se hallan en áreas de difícil acceso, algunas a una distancia de hasta 10 horas a pie del centro de salud más cercano”, apunta Leande Grezel, coordinadora de Médicos del Mundo en Sudán del Sur, quien explica que no hay percepción de urgencia por la vacuna en la población. “La sensibilización sobre la vacuna es baja y muchas personas no la considerarían tan prioritaria como la vacunación contra el sarampión, el cólera, etc”, añade. 

Hasta la fecha, los países más ricos reservaron -antes incluso de que llegaran al mercado- más de la mitad del suministro mundial de vacunas. Algunos países han comprado suficientes dosis como para vacunar varias veces a su población. Si se han comprado ya más vacunas que habitantes tiene el planeta, parece lógico que estas puedan llegar de forma equitativa y segura a todas las personas, más si cabe a las de especial vulnerabilidad, como aquellas que viven en crisis humanitarias. 

Hasta ahora, la COVAX parece que es la única iniciativa que persigue resolver la pandemia con una visión global y la única esperanza para el mundo en desarrollo, que no se puede permitir el lujo de reservar dosis para su población como estamos haciendo todos los demás.  

El equipo en Sudán del Sur toma la temperatura para prevenir el covid.
El equipo en Sudán del Sur toma la temperatura para prevenir el covid.