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Dra. Aisha Rammo. Una mujer que abre camino en la medicina

05.09.2026

Aisha Rammo tenía claro desde niña que quería ser médica. Creció en una familia de médicos y encontró en ellos una referencia, pero su vocación también nacía de algo propio: las ganas de ayudar, de aprender y de hacer algo por su comunidad.

Hoy tiene 32 años y es pediatra en el consultorio de Al-Hama. Llegar hasta allí no fue sencillo. Estudió Medicina en Alepo mientras Siria atravesaba una de sus etapas más difíciles. Hubo manifestaciones, desplazamientos y momentos en los que continuar estudiando parecía cada vez más complicado. Pero Aisha siguió. Para ella, ser médica siendo mujer significa mucho más que ejercer una profesión.

En su comunidad todavía hay quienes piensan que determinados trabajos no corresponden a las mujeres. Incluso dentro de la medicina existen especialidades que se consideran más apropiadas para ellas. Pediatría, ginecología o dermatología. Otras, como la cirugía o la traumatología, siguen estando asociadas principalmente a los hombres. Aisha quiere que eso cambie.

Porque las mujeres pueden y deben estar donde quieran estar. También en un quirófano. También tomando decisiones. También ocupando espacios de responsabilidad. Y su presencia tiene un efecto que va más allá de su propia trayectoria.

Cuando una mujer llega a su consulta, muchas veces se siente más cómoda hablando con ella. Puede explicar con mayor libertad lo que le ocurre, compartir sus preocupaciones y hablar de cuestiones que quizá le resultaría más difícil contar a un hombre.

Una médica no sólo atiende a sus pacientes. También puede convertirse en una puerta que facilita que otras mujeres accedan a la atención sanitaria y se sientan escuchadas. Por eso la educación importa.

Porque cuando una niña puede estudiar, no sólo está construyendo su propio futuro. Está adquiriendo herramientas para decidir sobre su vida, para participar en su comunidad y para abrir posibilidades que quizá antes no existían. Educar a una mujer transforma una comunidad.

Una mujer estudia. Se convierte en médica. Atiende a una comunidad. Y, sin darse cuenta, puede convertirse en el referente de otra niña que un día piense que ella también quiere ser médica.

Aisha conoce también el peso que pueden soportar las mujeres. En su trabajo ha visto cómo las dificultades de la vida cotidiana afectan a su salud mental. La presión, el cansancio y la falta de recursos pueden llegar a ser insoportables. Por eso, desde el centro de salud también se trabaja para que las mujeres puedan recibir apoyo psicológico cuando lo necesitan.

Porque incluso quienes cuidan de los demás necesitan que alguien las cuide.

Aisha es médica. Es madre. Atiende a sus pacientes y después vuelve a casa con sus propias responsabilidades. Ella como otras muchas en el mundo va al gimnasio a cuidarse y a mantenerse fuerte. También cuando sus hijos se duermen, llega su otro momento. Se prepara un café. Se sienta sola. Lee. Son unos minutos que le pertenecen.

En medio de todas las cosas que esperan de ella, ese café y ese gimnasio son una pequeña forma de recordarse que ella también importa.

Quizá por eso su historia habla de mucho más que de una mujer que consiguió convertirse en médica. Habla de lo que ocurre cuando las mujeres tienen acceso al conocimiento. Cuando pueden estudiar, elegir una profesión, ocupar espacios que antes parecían reservados a los hombres y convertirse en referentes para otras.

Porque el conocimiento no se queda en quien lo recibe. Se comparte. Se multiplica. Abre puertas. Y cuando una mujer consigue atravesar una de esas puertas, puede hacer que a la siguiente le resulte un poco más fácil.

Las mujeres sostienen la esperanza. También cuando estudian, cuando ocupan espacios que antes les estaban vedados y cuando abren caminos para que otras puedan llegar más lejos.