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Iman: una mujer que hizo de la fisioterapia su camino

15.09.2026

Cuando Iman empezó a trabajar como fisioterapeuta en Raqqa, tuvo que explicar algo aparentemente sencillo. Una mujer también podía ejercer su profesión y atender a cualquier paciente que lo necesitara.
Para muchas personas de su comunidad, no lo era.
La fisioterapia se entendía de otra manera y resultaba difícil aceptar que una mujer tratara a hombres, especialmente a hombres jóvenes. Ella, sin embargo, decidió seguir adelante. No porque quisiera enfrentarse a su comunidad, sino porque sabía que su trabajo era necesario.»Al principio sufrí mucho por su parte», recuerda. «Pero esto me dio fuerza. Me fortaleció a través de mi trabajo.»

Con el tiempo, fueron sus pacientes quienes empezaron a cambiar la mirada de los demás. Un niño que vuelve a caminar. Una persona que recupera movilidad después de un ictus. Una familia que vuelve a ver a uno de los suyos avanzar. Los resultados hablaron por ella.
La mujer a la que al principio miraban como una extraña terminó convirtiéndose en alguien cercano. Una profesional en la que confiar, una amiga, incluso una hermana. Algunas personas que antes dudaban de su trabajo acabaron invitándola a tomar café en sus casas.

Ella reconoce que “Siempre hay miedos a lo que dirá la gente… pero yo voy por el camino correcto”.
Pero quizá el cambio más importante no está en cómo la comunidad empezó a verla, sino en cómo otras mujeres empezaron a verse a sí mismas.
Muchas jóvenes se acercan a ella y le dicen que quieren ser como ella: fuertes, profesionales, independientes.
Y ella siempre les responde lo mismo, estudia. Aprende. Gradúate.Porque para ella la educación no es sólo una forma de conseguir un trabajo. Es una manera de descubrir que existen posibilidades más allá de las que una sociedad ha decidido para ti.

Ella no pretende ser diferente a su comunidad. Quiere formar parte de ella. Pero también quiere que cambie lo suficiente para que otras mujeres puedan encontrar su propio lugar.
Porque a veces abrir camino no significa romperlo todo. Significa ser la primera en cruzar una puerta y dejarla abierta para las que vienen detrás.

Las mujeres sostienen la esperanza. También cuando enseñan a otras mujeres que su futuro puede ser más grande que las expectativas que otros tenían para ellas.