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El hombre serio y la niña que volvió a hablar: historias del noreste de Siria

19.12.2025
centro de salud de Hassake en el noreste de Siria

Cuando entré en la sala, lo primero que vi fue a un hombre serio. Muy serio.

Me miró fijamente y asintió con la cabeza, como si quisiera decir bienvenida sin palabras. Sentada en sus rodillas encontré a una niña pequeña. De vez en cuando, el hombre le apartaba con ternura un mechón de pelo de la cara, y la volvía a colocar, como si el gesto fuera una forma de protegerla. 

Esbocé una ligera sonrisa, me llenó de ternura esta escena y quería saber más. Le pedí a la traductora que le preguntara por su historia. Me contó que se llama Isarif (nombre ficticio) y que había traído a su nieta al centro de salud de Hassake cuando la lengua se le inflamó tanto que no podía hablar. 

Nunca había estado allí antes, pero había oído hablar del centro y de los servicios que ofrecía. Cuando vio a su nieta, de apenas seis años, intentando hablar sin poder pronunciar palabra, no lo dudó ni un segundo. 

En urgencias la atendieron y la derivaron al equipo de otorrinolaringología. Diagnosticaron una infección severa. La buena noticia era que se podía tratar: “un par de semanas con antibióticos y seguimiento, e irá desapareciendo poco a poco”. 

Isariff llevó a su nieta al centro de salud en el noreste de Siria por una infección

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Las dos semanas pasaron y ella volvió a hablar.

Fue inevitable dibujar una sonrisa en mi rostro, pero quería saber lo que él sintió. La traductora se emocionó antes de traducir lo que había dicho Isarif: “Alivio, eso es lo que sentí. Y agradecido de que mi nieta pueda hablar otra vez.” 

Y entonces, por primera vez, el hombre serio sonrió también. Apretó a la niña contra su pecho y le besó la mejilla. Yo no pude evitar emocionarme. 

Le pedí permiso para hacerles una foto. En un instante, el hombre que se derretía por su nieta desapareció y volvió el hombre serio. Sólo que esta vez, yo y ahora tú, sabemos la verdad. 

Historias como la de Isarif y su nieta son posibles gracias al apoyo de la ayuda humanitaria de la Unión Europea, que permite que equipos médicos locales y organizaciones como Médicos del Mundo sigan ofreciendo atención gratuita y de calidad a miles de personas en el noreste de Siria. Porque detrás de cada paciente hay una historia de cuidado, y, sobre todo, de esperanza.