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“Si protegemos a las mujeres, protegemos a toda la sociedad”

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Las mujeres están al centro de la sociedad pues son las principales cuidadoras.

© Bechir Malum

Tiene 37 años, una niña de año y medio que no se suelta de su falda y un título de ingeniera de telecomunicaciones colgado de la pared. Dioully Diallo es una solucionadora de problemas. Preocupada por el alarmante aumento de las agresiones sexuales a mujeres en su país, Mauritania, pasó rápidamente de la preocupación a la acción. Creó la aplicación móvil Taxi Seguro y organiza clases de defensa personal para chicas en barrios periféricos de Nuakchott, la capital.

Ella, que se fue estudiar al vecino Senegal en 2004, volvió a su Mauritania natal ocho años después. Y todo había cambiado. A peor. “Encontré una sociedad frustrada, llena de intolerancia”, recuerda Dioully. Veía que las familias que no tenían coche propio vivían en una inquietud permanente por lo que les pudiera ocurrir a sus hijas en el transporte”, cuenta ahora desde la seguridad del salón de su casa.

Hubo por entonces un caso de una chica que fue secuestrada en un taxi y luego violada. Me marcó.

Así que empezó a cavilar y desarrolló una app para buscar taxi que identificara la matrícula del vehículo y avisara si este se desviaba del camino. No encontró mucha ayuda de las autoridades a la hora de identificar a conductores autorizados, lo que le resta utilidad, pero la aplicación sigue existiendo. Originalmente diseñada en francés, ahora planean traducirla al árabe.

Pero, aunque la penetración de la telefonía móvil en Mauritania es alta, no todo el mundo tiene un smartphone, y menos las jóvenes. La app no era suficiente. Así que pensó en enseñar defensa personal a las chicas, con técnicas que van del karate al kung fu. Tenían claras las prioridades: les explicaron a los instructores que lo que ellas necesitan es poder reaccionar rápidamente y hacer frente a una agresión.

“Me decidí a hacerlo porque soy mujer y he sufrido los peligros que conlleva serlo”, resume decidida, y más en un contexto de recrudecimiento de las agresiones sexuales en el país. “Las mujeres debemos ser las primeras en movilizarnos, porque los hombres no lo van a hacer por nosotras”. Dice frases inapelables como la ley de la gravedad. Y así relata todo, con esa decisión tranquila que asoma de sus ojos, con la calma firme de quien tiene la razón de su lado.

Dioully y un pequeño grupo impulsor empezó identificado a chicas que ya practicaban artes marciales antes. Porque haberlas, las había. A las que se sumaron al proyecto, las han formado durante dos años y las han convertido a su vez en formadoras.

Gracias a la iniciativa Self Defense se han abierto salas de entrenamiento en cinco barrios periféricos de Nuakchot, donde más precaria es la seguridad. No es fácil que las niñas asistan: los padres plantean muchas reticencias, porque a menudo estas clases se imparten lejos de sus casas. Todo forma parte del mismo problema, una rueda infinita de miedos.

“Yo siempre insisto en la prevención, porque cuando algo pasa ya ha pasado. No tiene arreglo”. Así es Dioully de pragmática.

La ingeniera no olvida la tarea de lobby. Mientras enseñan a las jóvenes a defenderse, presionan para que salga adelante la ley contra la violencia de género, “porque va a servir no solo para proteger a las mujeres, sino a toda la sociedad”. Somos parte de un todo. Espera que el nuevo gobierno consiga impulsarla. Y mira hacia arriba, como buscando a quien confirme que esa esperanza puede materializarse.

“Mi deseo es que cuando mi hija se haga mayor no tenga que esperarla con pánico en la puerta de casa”, anhela. Y cierra esa misma puerta a nuestra espalda, con la pequeña en brazos.

Médicos del Mundo en Mauritania

Médicos del Mundo está presente en Mauritania desde 1991. En la actualidad, trabajamos intensamente para prevenir y paliar los efectos de las violencias de género que sufren las mujeres y niñas mauritanas: desde la mutilación genital femenina a los matrimonios precoces y forzosos, pasando por la violencia en el ámbito de la pareja y las agresiones sexuales. Junto con el Ministerio de Salud, hemos abiertos unidades especiales de atención a víctimas de violencia de género en dos hospitales públicos del país, en las ciudades de Nuakchot y Guidimaka, y en pocos meses se abrirá una tercera en Nuadibú.

Además, trabajamos para prevenir enfermedades de transmisión sexual y ofrecemos a las mujeres orientaciones sobre planificación familiar y maternidad segura. Finalmente, garantizamos la cobertura sanitaria de niños y niñas menores de 5 años con programas en 30 centros de atención primaria y a través de clínicas móviles en zonas con dificultades de acceso.