Terremoto en Venezuela: miles de personas siguen en alojamientos temporales sin agua suficiente ni condiciones de vida dignas
© Alex Zapico / Médicos del Mundo
Tres meses después del terremoto, la emergencia continúa para las personas que perdieron sus hogares y todavía viven en campamentos y alojamientos temporales. La falta de intimidad, las dificultades para acceder al agua, la pérdida de medios de vida y la incertidumbre sobre el futuro siguen condicionando su vida cotidiana y su salud.
«Ya llevamos aquí tres meses y se supone que esto debería ser transitorio», explica Talena Aristigueta, una mujer desplazada desde La Guaira que vive en el campamento El Ávila. Perdió su vivienda, tiene discapacidad visual y motora y padece enfermedades crónicas. Comparte una carpa con otra familia y asegura que la falta de espacio y las condiciones del refugio dificultan su descanso y su autonomía.
Su historia refleja una realidad que va más allá de la pérdida de una vivienda: cuando el alojamiento temporal se prolonga, también se prolongan las dificultades para acceder a una alimentación adecuada, mantener los tratamientos médicos y recuperar los medios de vida.
Vivir en alojamientos temporales: sin intimidad y con dificultades para cubrir necesidades básicas
La convivencia de diferentes familias bajo la misma carpa en estos campamentos obliga a adaptar las rutinas más básicas a la presencia constante de otras personas.
El acceso al agua también condiciona el día a día de estas personas. En los campamentos se establecen horarios para ducharse y ha habido momentos en los que no disponían de agua ni siquiera para lavarse la cara o cepillarse los dientes.
La alimentación supone otra dificultad. Una diabetes tipo 2, como la de Aristigueta, o problemas cardiovasculares, necesitan de una dieta adaptada a sus condiciones de salud. Sin embargo, la venezolana explica que las comidas que recibe habitualmente no responden a sus necesidades y que, en ocasiones, debe elegir entre comer lo disponible o evitar alimentos que pueden perjudicar su salud. ”Muchas veces paso hambre”, relata.
Perder la vivienda también significa perder los medios de vida
Antes del terremoto, la mujer trabajaba vendiendo empanadas, zumos y dulces. Tras perder su hogar y verse obligada a desplazarse, dejó de trabajar y depende de unos ingresos limitados para cubrir sus necesidades.
Explica que recibe una ayuda económica que debe repartir entre medicamentos y alimentación, pero que a menudo no le alcanza para todo el mes.
La pérdida de la vivienda se suma así a la pérdida de ingresos y a las dificultades para mantener los cuidados necesarios. Una situación especialmente compleja para las personas mayores, con discapacidad o con enfermedades crónicas, que necesitan una atención continuada y condiciones de vida adecuadas.
Las personas desplazadas en estos campamentos coinciden con el reclamo de una solución habitacional que tenga en cuenta la situación de quienes no disponen de documentación formal de propiedad o de ingresos suficientes para acceder a alternativas de vivienda.
Evitar que la terremoto de Venezuela se convierta en una segunda crisis sanitaria
El terremoto ha golpeado a un sistema sanitario que ya afrontaba importantes dificultades antes de la emergencia. Aunque la atención hospitalaria ha concentrado buena parte de la respuesta inicial, garantizar la continuidad de la atención primaria sigue siendo esencial para prevenir complicaciones de salud.
La organización recuerda que la prevención de enfermedades infecciosas, el acceso a agua segura, el saneamiento y la continuidad de los servicios sanitarios son elementos fundamentales para evitar que las condiciones de vida en los alojamientos temporales agraven la situación de salud de la población.
Durante los tres primeros meses de intervención, Médicos del Mundo ha trabajado en cinco campamentos informales, dos campamentos formales, 17 centros de salud y cuatro comunidades de acogida.
Actualmente, mantiene su actividad en 15 lugares de intervención: 12 centros de salud, dos campamentos transitorios y una comunidad.
La organización centra ahora su respuesta en reforzar la atención primaria, facilitar el acceso a medicamentos y mantener la atención en salud mental, salud sexual y reproductiva y atención maternoinfantil, en coordinación con las autoridades sanitarias y el resto de actores humanitarios.
Tres meses después del terremoto, la recuperación no pasa únicamente por reconstruir viviendas e infraestructuras. También exige garantizar que las personas que han perdido sus hogares puedan recuperar el acceso a los servicios esenciales, su autonomía y unas condiciones de vida dignas.