Siempre se habla de los médicos, pero hoy queremos mirar hacia esas manos que sostienen la vida desde el primer instante. Las comadronas. Ellas son las primeras en escuchar los latidos, en recibir las dudas, en acompañar el miedo y la alegría. Son las que conocen a cada paciente antes, durante y después del parto. Las que hablan de planificación familiar, de derechos, de cuidado… y que, probablemente, dentro de unos años, volverán a atender a las hijas que hoy ven nacer.
Seham Mohamad es pura sonrisa.
Esa sonrisa amable que invita a confiar, a contar lo que preocupa; el parto, el postparto, las relaciones en casa, la salud de los hijos e hijas.
En la clínica de Médicos del Mundo, en algún lugar del norte de Siria, Seham es una de las primeras puertas a las que llaman las mujeres. Muchas llegan sabiendo qué método anticonceptivo quieren; otras necesitan que Seham las escuche y les explique opciones según su edad, su vida, su cultura. Ella nunca impone, siempre propone.
La decisión de Aisha: Cesárea o pasar una semana sin cuidar a sus hijos.
Mientras conversamos, entra Aisha (nombre ficticio) con su recién nacida en brazos. Viene a saludar a Seham y agradecerle. Durante su parto, en una clínica privada le habían dicho que necesitaba una cesárea. Pero Aisha sabía lo que eso implicaba. Decidió ir a un centro de Médicos del Mundo.
“Ya tuve una cesárea con mi primer hijo y sé el reposo que se necesita, tengo dos hijos más no me puedo permitir una semana en la cama”.
Dice Aisha mientras mece a su bebé.

El parto fue complicado, la bebé era muy grande, el cordón estaba enrollado y la placenta no salía de forma natural. Pero Seham y su compañera estuvieron allí, sosteniendo, guiando, cuidando. Gracias a ellas, Aisha logró el parto natural que deseaba.
Después, la ayudaron a limpiarse, lavaron al bebé, le dieron consejos de lactancia, vacunación, nutrición y cuidados postparto. Ahora Aisha sigue un plan de planificación familiar y ya tiene programadas cuatro visitas neonatales.
“Me he sentido cuidada en todo el proceso, yo y la niña”.
Nos dice con emoción.
Historias como la de Seham son posibles gracias a la ayuda humanitaria de la Unión Europea, que permite que Médicos del Mundo siga ofreciendo atención sanitaria de calidad y gratuita a mujeres que, de otro modo, quedarían fuera del sistema. Porque apoyar a las comadronas es apoyar la vida, la salud y la dignidad. Y en lugares donde nacer es un desafío, ellas son el primer abrazo seguro.