La sanidad pública
La sanidad pública siempre ha estado ahí
Tenemos muchos motivos para sentir orgullo de nuestra sanidad pública.
Los mismos que nos hacen defenderla cuando más se debilita.
¿Te acuerdas de la última vez que acompañaste a un familiar a un hospital público?
Del alivio cuando le dieron de alta, sin recibir una factura después.
Quizá has vivido uno de esos momentos en los que la vida se detiene de verdad.
Y en medio del tsunami emocional, la certeza de estar en buenas manos. Siempre lo has estado.
O has tenido algo más cotidiano: una cistitis, una alergia fuerte, una fiebre un domingo.
Y has ido a urgencias. Te han atendido. Sin más.
Eso no pasa en todos los países. Ni siquiera en muchos países ricos.
Aquí, sí.
La sanidad pública y universal existe porque, como sociedad, decidimos que hay cosas que no pueden depender del dinero.
Que la salud, igual que la educación, es un derecho, no un privilegio.
Y sabemos que sin salud, la vida se detiene.
Pero tenerla no significa que sea perfecta.
Ni que podamos dejar de cuidarla.

Casi, casi universal
Sanidad pública, y (casi) universal.
Y aun así, hay personas que, incluso teniendo reconocido ese derecho en las leyes, se encuentran con enormes obstáculos para acceder a la atención sanitaria.
Cuando obtener la tarjeta sanitaria se convierte en un proceso complicado, lento y confuso.
Desesperante.
Imagina tener una una hipertensión. O una diabetes.
En condiciones normales, es una pastilla al día, controles y vida prácticamente normal.
Ahora imagina no poder pagar esa medicación cada mes. Empiezas a espaciar dosis, a saltártelas, a “administrar” lo que te queda. La salud empieza a fallar: mareos, fatiga, complicaciones más graves.
Añádele el pánico de que te llegue una factura que no puedes pagar cuando ya no te queda otra que ir a urgencias.
Casi salud
Casi a tratamientos
«Llevo nueve meses esperando que me renueven la tarjeta sanitaria. Tengo un mioma. Siento los dolores crecer. Y cada vez que pienso en ir a urgencias, me frena el miedo a la factura.»
Fátima, 46 años
Casi educación con apoyos por no tener tarjeta sanitaria
«Tengo 8 años y vine de Venezuela con mi familia. En el colegio dicen que necesito apoyos para aprender pero que necesito la tarjeta sanitaria. Una tarjeta que no tenemos. Y mientras tanto, sigo sin entender por qué no cuento con los mismos recursos que los demás.»
Joel, 8 años
Casi salud mental
“Desde hace varios años, arrastro y convivo con una depresión y ataques de pánico. He pedido ayuda. Me han recetado una pastilla mientras sigo en una lista de espera para una cita que nunca llega. El psicólogo privado cuesta lo que yo no tengo. Hay días que apenas tengo fuerzas para salir de la cama”.
Andrea, 25 años
Para que no olvidemos lo que está en juego
La sanidad pública ha salvado y sana millones de vidas.
Pero cada vez más personas empiezan a mirarla con desconfianza. Con frustración. Con la sensación de que no funciona, de que tarda demasiado, de que no llega.
Casi casi, salud.
Sin embargo, la respuesta a una sanidad pública imperfecta no es abandonarla.
Es insistir y exigir que mejore.
Cuidarla.
Defenderla.
Protegerla entre todas las personas.
Porque si dejamos de confiar en ella, quienes ganan son los que siempre quisieron convertir nuestra salud en un negocio.
Creer en la sanidad pública universal es construir una sociedad más humana y más justa, que garantiza salud para todas las personas por igual.
Gracias, sanidad pública
Empezamos el lunes
«Me diagnosticaron cáncer un martes. El jueves ya tenía cita con el oncólogo. Nadie me preguntó si podía pagarlo. Solo me dijeron: empezamos el lunes. Eso no lo olvido.»
Carmen, 54 años
Salí queriéndo decírselo a alguien
Estuve 17 días en la UCI. Médicos, enfermeras, celadores, limpieza.. todos tratándome como si fuera lo más importante del mundo. Salí queriendo decírselo a alguien. Pues aquí está: gracias.
Víctor, 71 años
Eso también importa
«Mi madre tenía Alzheimer y llegó a urgencias con mucho dolor. Una celadora hizo todo lo posible para que la pasaran a una cama y estuviera cómoda. Eso también es sanidad pública. Eso también importa.»
Pilar, 48 años
Sin pensar en otra cosa que en ella
«Cuando nació mi hija con problemas respiratorios, la sanidad pública estuvo ahí sin que yo tuviera que pensar en otra cosa que en ella. En ese momento entendí de qué va todo esto.»
Marcos, 34 años
¿Qué te ha dado la sanidad pública? Es el momento de agradecérselo
Hubo un momento en que el que todo se paró por tu salud, o la de alguien querido, y entendiste lo frágil que es la vida.
Una consulta que llegó a tiempo, un diagnóstico que supo acertar qué te pasaba, un tratamiento que salvó tu vida o la de algún familiar tuyo.
O simplemente, el momento de alivio en el que sale el cirujano o cirujana y te dice: «todo ha salido bien».
Y luego, no olvidemos lo que vino después: un segundo amor, conocer a tu sobrino, volver a viajar, seguir estando.
Hay gente que incluso celebra dos cumpleaños al año gracias a ella.
La sanidad pública ha hecho posible esos momentos.
Sin pedirte nada a cambio.
Hoy te invitamos a darle las gracias y defender que siga siendo de todas las personas.
La sanidad pública no es un favor que nos hacen.
Es un derecho que construimos entre todas las personas.
Cuidarla es exigir que mejore.
Defenderla es no dejar que se convierta en un negocio.
Protegerla es entender que cuando alguien pierde acceso a la salud, todas perdemos un poco de humanidad.