Los ataques continuados contra la infraestructura energética en Ucrania están teniendo un impacto directo y profundo en la vida de millones de personas. En pleno invierno, la falta de electricidad y calefacción no solo dificulta las condiciones de vida, sino que pone en riesgo el acceso a servicios básicos, especialmente la atención sanitaria. Pese a estas enormes dificultades, los equipos de Médicos del Mundo seguimos trabajando junto al personal sanitario local para garantizar el acceso a la salud tras casi cuatro años de guerra.
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Fuerte aumento de ataques a infraestructuras eléctricas en Ucrania
Durante este mes, los ataques contra la infraestructura eléctrica de Ucrania se han intensificado de forma significativa. Misiles balísticos, misiles de crucero y cientos de drones impactaron en centrales eléctricas y otras estructuras vitales en regiones clave como Kiev, Járkiv, Dnipro, Odesa y Zaporiyia.
Estos ataques provocaron cortes masivos de electricidad y calefacción, especialmente en grandes ciudades. En Kiev, hasta el 70 % de la ciudad quedó sin suministro eléctrico tras uno de los bombardeos, en un contexto de temperaturas muy bajas. El impacto humano es grave: al menos cuatro personas murieron, decenas resultaron heridas y miles de hogares quedaron sin servicios esenciales.
Más allá de los daños materiales, estos ataques:
- Dejan a miles de personas sin electricidad ni calefacción en pleno invierno
- Ponen en riesgo la salud y la vida de los grupos más vulnerables de personas
- Dificultan el acceso a la salud de la población. Muchos centros sanitarios no pueden operar sin electricidad
¿Cómo afectan los apagones a la vida diaria de la población en el invierno?
Muchas personas pasan horas o días sin luz, lo que dificulta tareas básicas como cocinar, comunicarse, cargar teléfonos o trabajar. Nuestros compañeros desde Ucrania trabajan bajo apagones, cortes de internet y cortes de calefacción.
Esta falta de calefacción es especialmente crítica con temperaturas que oscilan entre los –3 °C y –10 °C, a veces acompañadas de viento y alta humedad. Esto impacta con mayor dureza en personas mayores, niños y personas enfermas, que son más vulnerables al frío extremo.
Impacto directo en las instalaciones sanitarias y en el acceso a la salud
La inestabilidad energética tiene consecuencias graves para el sistema de salud. En muchas instalaciones médicas, los cortes de electricidad interrumpen:
- La calefacción y la iluminación
- La cadena de frío de las vacunas y medicamentos
- Los diagnósticos de laboratorio y los registros médicos electrónicos
Algunos centros se ven obligados a reducir horarios o posponer servicios, ya sea por falta de electricidad estable o porque el personal y los pacientes deben refugiarse durante los bombardeos.
Médicos del Mundo, que trabaja en el país desde 2017, trabaja con unidades móviles con el fin de paliar en gran medida estos enormes desafíos, pero en estos días de frío extremo y de intensificación de ataques, tenemos dificultades para cargar los equipos médicos, retrasos en rutas por carreteras deterioradas por hielo y nieve y trabajo en condiciones extremas por la falta de calefacción autónoma.
Para los pacientes, especialmente personas mayores, con discapacidad o enfermedades crónicas, el acceso a la atención médica se vuelve aún más difícil. El frío, las restricciones de transporte y el miedo a apagones durante las visitas hacen que muchas personas duden en acudir a los centros de salud.
Nuestro trabajo: garantizar atención sanitaria pese a las dificultades
A pesar de estas condiciones extremas, nuestros equipos continúan trabajando. Durante las heladas, los vehículos se congelan y el acceso a las comunidades es complicado. Por eso, hacemos un esfuerzo extra para limpiar nieve y hielo y mantener los coches operativos para poder llegar a la población.
Gracias al uso de generadores, calefactores y equipos de apoyo, los equipos médicos móviles siguen prestando atención sanitaria incluso en situaciones muy difíciles.
Historia de éxito: comunidad de Blahodatne, región de Járkov
Durante más de un año, un equipo médico móvil atendió a la población en un colegio sin calefacción ni sistema eléctrico estable. En invierno, las consultas se realizaban a bajas temperaturas, utilizando mantas, almohadillas eléctricas y bebidas calientes para pacientes y personal. Aun así, entre 25 y 30 personas recibían atención en cada visita.
La presencia constante del equipo y la atención prestada motivaron a las autoridades locales a instalar un sistema de calefacción autónomo en las salas de consulta. Esta mejora transformó las condiciones de trabajo y permitió aumentar el número de personas atendidas, fortaleciendo la sostenibilidad de los servicios de salud en la comunidad.