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Covid-19: ¿y en África qué?

Fotografía: Jimmy Sohn

Covid-19: ¿y en África qué?

Hasta la fecha, se han dado más de 2.000 muertes y casi 54.000 contagios en 54 países africanos.
Esencial
  • África es un continente muy joven
  • El continente tiene experiencia en gestión de epidemias 
  • El sentido de comunidad de la sociedad, tan solidaria, es muy potente
  • Alta capacidad de resiliencia de la población

Los malos augurios sobre cómo va a afectar este coronavirus a África no terminan de abrirse paso, pero sus sistemas sanitarios miran con recelo la situación en el resto del mundo, puesto que sus habitantes ya han comenzado a sentir las consecuencias de la crisis mundial más fuerte de las últimas décadas. 

Hasta la fecha, más de 2.000 muertes y casi 54.000 contagios en 54 países africanos. Solo Lesoto está libre de Covid-19. A la cabeza, Sudáfrica y Egipto con más de 8.000 contagios, seguido de Argelia con más de 5.000. Pero con los datos, y lo sabemos por experiencia, son todos los que están pero no están todos los que son. La complejidad del conteo y recepción de datos y la carencia de sistemas para hacerlo pueden influir en las cifras. 

A esta tesitura cabe sumar que muchos países en África afrontan la emergencia sanitaria del COVD-19 junto a otras crisis humanitarias. Algunas recientes, como la de Burkina Faso, otras de muchos años como la República Democrática del Congo o Sudán del Sur, vinculadas a conflictos políticos, guerras o desastres naturales como sequías o plagas, y por ende al desplazamiento forzado y el refugio de la población. 

Sin embargo, el continente africano también cuenta con algunos puntos positivos. 

 

¿Cuáles son las ventajas del continente africano en esta pandemia? 

En la mayoría de los países africanos se han tomado medidas antes que en los países europeos. Se han cerrado los espacios aéreos a las personas, establecido toques de queda de entre 10 y 12 horas y restringido los actos colectivos 

  • África es un continente muy joven, con una edad media de apenas 18 años. La población más vulnerable a la pandemia, la anciana, representa menos del 10% 
  • El continente tiene experiencia en gestión de epidemias y capacidades instaladas dada la recurrencia de enfermedades epidémicas 
  • El sentido de comunidad de la sociedad, tan solidaria, es muy potente, lo que facilita la difusión y apropiación de mensajes 
  • La capacidad de resiliencia de la población, acostumbrada a vivir contextos duros. 

 

Pero sí, el riesgo de contagios y muertes es correlativo a los precarios medios de vida de la mayor parte de la población. Los frágiles sistemas de salud, infraestructuras insuficientes y poco equipadas y la falta de recursos humanos especializados hacen temer que la capacidad de reacción sea poca. Según la Comisión Económica de las Naciones Unidas para África (UNECA), más de 300.000 africanos y africanas podrían morir por el Covid-19. 

La capacidad de testeo es baja o casi nula y la previsión es que los laboratorios sean lentos y se saturen pronto. A esta tesitura hay que añadir que son muchos los millones de personas que viven en áreas rurales, donde no tienen acceso a servicios sanitarios cercanos, lo que también dificulta tener cifras aproximadas de personas infectadas. 

Además, en países ya sacudidos por enfermedades endémicas como la malaria, la tuberculosis, el VIH, etc –que además son colectivos de riesgo para el Covid-19-, quizás la tesitura más compleja es la dificultad para asegurar la continuidad de los servicios sanitarios esenciales en caso de que los centros sanitarios colapsaran con pacientes de coronavirus. África no puede permitirse posponer la atención primaria de enfermedades habituales, porque en demasiados casos es cuestión de vida o muerte también. 

Sin embargo, a diferencia de Europa o Estados Unidos, donde el virus ha golpeado más fuerte hasta ahora, en África la infancia es grupo de riesgo también. Millones de niñas y niños sufren desnutrición aguda y crónica y enfermedades respiratorias agudas, que provocan muchas muertes en esta franja de edad. 

Cinco camas en UCI por millón de habitante 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el número total de camas en las unidades de cuidados intensivos disponibles para luchar contra el Covid-19 en 43 países de África es inferior a 5.000, es decir cinco camas por cada millón de personas en los países señalados, que son una aplastante mayoría. 

Según ha comprobado Médicos del Mundo en algunos de los países africanos en los que trabaja, en el momento de inicio de la pandemia, Mauritania contaba con un hospital de referencia y 36 camas UCI en todo el país; Mozambique dos hospitales y 33 camas UCI; Burkina Faso tres hospitales y seis camas UCI, etc. 

En Mozambique –con más de 29 millones de personas- solo hay 24 respiradores y por lo tanto, el personal que sabe manejarlo es mínimo. Este material ha de venir de otros países, como Sudáfrica, pero las mercancías están tardando en llegar unos tres meses”, explica María Victoria Cedro, coordinadora en Cabo Delgado, Mozambique, que, sin embargo, apunta a que la respuesta del Gobierno ha sido rápida y, junto a las ONG, se han llevado a cabo acciones de prevención. 

Acción de sensibilización sobre medidas de protección COVID19 en Senegal
Acción de sensibilización sobre medidas de protección COVID19 en Senegal

El confinamiento no está pensado para África 

Que España tenga más facilidad de contagio que Suecia es cultural. Solo hay que tener un poco en cuenta la antropología para saber que, en su diversidad, la mayor parte de África vive en la calle, en comunidad, que se cuida en tribu y que subsiste a diario con una economía informal. Que el confinamiento es impensable porque la vida se vive fuera de casa. 

La mayoría de la población -tanto en zona urbana como en zona rural- vive al día y requiere salir de casa, no solo para ganarse la vida, sino para comprar alimento ante la incapacidad de almacenaje y refrigeración en la mayoría de hogares. Además, solo el 24% de la población del África subsahariana tiene acceso al agua potable (OMS/UNICEF, 2017), por lo que no solo se hace necesario el aprovisionamiento diario -a veces con largas caminatas- sino que eso imposibilita tomar unas medidas de higiene claves para luchar contra el virus. El mismo concepto de familia, tan extensa y en espacios tan reducidos, dificultaría la práctica del confinamiento. 

¿Alternativas?: Reforzar la salud comunitaria y la atención primaria. “Hay que hacer un trabajo comunitario y de refuerzo de redes, muy al lado de la comunidad. Ninguna medida de control y confinamiento va a tener éxito si no es acordada con los líderes a los que respetan esas comunidades”, explica Ana Mateo, médica y voluntaria de nuestra organización. 

Una respuesta a tiempo 

La respuesta al COVID-19 exige de un esfuerzo considerable para contar con recursos adicionales. El Secretario General de Naciones Unidas lanzó un plan global de respuesta humanitaria de 2.010 millones de dólares para luchar contra el virus en contextos humanitarios. En mayo se actualizaba la cifra hasta situarla en 6.710 millones de dólares y tan solo se han recibido 923 millones. Los fondos que tanto se necesitan no acaban de llegar, como tantas veces antes la respuesta por parte de los países donantes y las instituciones internacionales está siendo terriblemente decepcionante. 

Nuestra organización, presente en varios países en el Sahel y en África central y austral, contribuye a la lucha contra el coronavirus diseñando protocolos de prevención y control de la infección (PCI), reforzando las capacidades de los centros a través de la dotación de material y formando a personal sanitario. También trabaja en sistemas de triaje a la entrada de centros sanitarios, así como la sensibilización de la población a nivel comunitario. 

En Senegal y Mozambique, donde se ha activado el convenio de emergencia de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), además de los sistemas de prevención y control de infecciones y el manejo de casos, se apuesta por la comunicación de riesgos: asegurar mensajes claros y concisos sobre el Covid-19, para evitar la rumorología, los bulos y el estigma social de las personas afectadas, sus familias y el personal sanitario.  

También se trabaja en la creación de servicios psicosociales en remoto y protección de población especialmente vulnerable (personas mayores, personas aisladas, víctimas de violencia de género, personas con condiciones de salud mental, migrantes en tránsito y menores, entre otros).