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Ayudar empieza por escuchar

05.10.2026

Durante mucho tiempo, hablar de salud mental en el noreste de Siria significaba hablar de algo que debía mantenerse en secreto. Ir a una psicóloga podía despertar miedo a ser juzgada, a que alguien descubriera que estabas recibiendo ayuda o a que tu propia familia no lo entendiera.
Para muchas mujeres, además, pedir ayuda no es tan sencillo como decidir que la necesitan. Salir de casa, acudir a una consulta o hablar de lo que ocurre dentro de su familia puede requerir permiso y confianza.

Por eso, cuando una mujer llega a la consulta de Saada, la psicóloga, el primer paso no es hablar de técnicas ni buscar soluciones. Es conseguir que se sienta segura.
Le explica que lo que cuente quedará entre ellas. Que nadie sabrá siquiera que ha acudido a terapia. Después escucha.

Algunas llegan con ansiedad. Otras llevan años viviendo situaciones que han aprendido a considerar normales. Violencia dentro de casa. Matrimonios demasiado tempranos. Miedos que nunca han podido compartir con nadie. A veces, simplemente necesitan que alguien les ayude a entender qué les está pasando.

La psicóloga trabaja también para desmontar una idea muy arraigada “pedir ayuda no significa estar loca” es a lo que más miedo tienen dice Saada.
Primero escucha. Después, poco a poco, llegan las herramientas. Hablar de lo que sienten, comprender sus síntomas, aprender a respirar y relajarse cuando la angustia aparece. Recuperar algo que quizá habían perdido hace tiempo, la sensación de tener derecho a cuidar de sí mismas.
Su trabajo no siempre es fácil. Hay historias que pesan incluso cuando termina la jornada. Por eso ella también necesita apoyo. Habla con su supervisora cuando un caso resulta especialmente difícil, pasa tiempo con su familia, sale a caminar o busca un rato de silencio para desconectar.
Y hay algo que le ayuda especialmente: la fuerza que encuentra en sus pacientes.

Mujeres que, a pesar de todo lo que han vivido, siguen buscando una manera de salir adelante.
Quizá por eso su trabajo sea también una forma de acompañamiento entre mujeres. Ella ofrece un espacio seguro, escucha y herramientas profesionales. Ellas le recuerdan, a su vez, hasta dónde puede llegar una persona cuando encuentra un lugar donde sentirse escuchada.

Porque cuidar la salud mental también es abrir una puerta. Una puerta que permite hablar sin miedo, pedir ayuda y empezar a imaginar que la vida puede ser diferente.
Las mujeres sostienen la esperanza. También cuando encuentran un espacio seguro para hablar, ser escuchadas y volver a confiar en sí mismas.