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Dos años de pandemia, las lecciones aprendidas que no debemos olvidar

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Las lecciones que hemos aprendido en Médicos del Mundo sirven para recordar que ante problemas globales son necesarias respuestas globales, justas, solidarias y estructuradas.

© Ignacio Marín / Médicos del Mundo

Madrid, 11 de marzo de 2022.- Ya han pasado dos años desde el inicio de la pandemia. 24 meses después de que el director general de la Organización Mundial de la Salud, el doctor Tedros Adhanom, declarase la pandemia de COVID-19, la situación sanitaria ha mejorado, pero hay aprendizajes que no podemos ni debemos olvidar porque sabemos que la salud de muchas personas depende de que podamos mejorar las respuestas en la gestión de epidemias y pandemias como esta.

Las lecciones que hemos aprendido en Médicos del Mundo sirven para recordar que ante problemas globales son necesarias respuestas globales, justas, solidarias y estructuradas. Porque ya sabemos que en las crisis sanitarias, sociales y económicas como la que ha supuesto esta pandemia son las personas que atraviesan situaciones más precarias las que más sufren. Porque ya sabemos que son los lugares más empobrecidos del planeta los que tienen más complicado acceder a los recursos que necesitan para recuperarse. Porque ya sabemos que las vacunas y tratamientos llegan primero y en mayor medida a los países más ricos, aunque al final se echen a perder.

En 2020, Médicos del Mundo estaba llamada como organización humanitaria sanitaria a conmemorar el 30 aniversario de su nacimiento, pero estalló una epidemia mundial de coronavirus que nos llevó a dejar aparcadas las celebraciones y a centrar todos nuestros esfuerzos en hacer lo que mejor sabemos hacer: reforzar el sistema sanitario y estar donde la sociedad nos necesita, al lado de las personas.

Y en este tiempo hemos aprendido que nuestro sistema público de salud no es invencible y que, tras años de recortes en su financiación a favor de los intereses de iniciativas privadas de todo tipo, está gravemente herido. Con un esfuerzo sobrehumano, las y los profesionales de hospitales y centros de salud nos recordaron durante meses a los superhéroes de los cómics y las películas, pese a estar exhaustos, ser demasiado pocos y contar con unos medios materiales muy precarios. Ahora sabemos que los recortes continúan y que Sanidad Pública se sigue desangrando.

Aprender a defender la Atención Primaria

No olvidemos lo que siempre hemos sabido, y que hemos comprobado con cada nueva ola y variante del coronavirus: que la Atención Primaria de Salud debe ser defendida porque es la mayor garantía del derecho a la salud de la ciudadanía. Las epidemias no se paran en las UCI ni en las urgencias de los hospitales, se paran en los centros de salud. Por ello, insistimos en que los discursos no salvan vidas , y en que nuestros centros de salud y consultorios médicos rurales – que atienden la mayoría de las necesidades sanitarias de la ciudadanía- necesitan más recursos para ofrecer la atención que necesitamos y merecemos.

Aprender a escuchar a las personas mayores

España cuenta en la actualidad con uno de los gastos sanitarios más bajos por habitante de la zona euro y esto se traduce en la escasez de recursos de la red sanitaria pública y en dificultades de coordinación entre los ámbitos de salud y social. Aquí deberían saltar todas las alarmas, porque este aspecto es esencial para responder a las necesidades sanitarias de las personas mayores en las residencias. A la vista de lo ocurrido, la pandemia debería servir para transformar el actual modelo residencial para garantizar la continuidad de la atención y los cuidados que las personas mayores venían recibiendo antes de ingresar en centros institucionalizados

La presidenta de Médicos del Mundo, Nieves Turienzo, defendía en mayo de 2021 en el Congreso de los Diputados la creación de un sistema de cuidados a las personas mayores que aborde de manera eficaz las fracturas que la pandemia ha puesto de manifiesto. Esto es ni más ni menos que disponer un modelo que les permita decidir cómo quieren ser cuidadas. También apuntaba a la mejora de las condiciones laborales del personal de las residencias como otra de las prioridades a abordar.

“A medio plazo la pandemia debería servir para transformar el actual modelo residencial y para establecer un sistema de cuidados de larga duración centrado en las necesidades de las personas y en el cuidado en la comunidad. También para integrar los cuidados familiares y profesionales que prioricen la atención donde y con quien la persona decida tener su domicilio”, explicaba entonces la presidenta de Médicos del Mundo.

Sin embargo, nuestras recomendaciones para este nuevo modelo de cuidados -incluso en contexto de pandemias- que hemos remitido en el proceso de diálogo para elaborar las “Bases para un nuevo acuerdo sobre criterios comunes de acreditación para garantizar la calidad de los centros y servicios del sistema para la autonomía y atención a la dependencia (SAAD)” han sido desoídas por el Gobierno.

Aprender a no dejar a nadie atrás

Y si de lecciones aprendidas se trata debemos hacer hincapié en que los planes de salud pública no pueden dejar fuera a ninguna persona. Hay que garantizar el derecho a la salud de toda la población, y especialmente de los colectivos más vulnerabilizados, como las personas inmigrantes en situación irregular, las personas sin hogar, aquellas que están en situación de prostitución, y, en general, de las poblaciones que sobreviven en condiciones de exclusión social.

Analizando la respuesta mundial a la pandemia, hemos aprendido que no nos hemos apoyado suficientemente, no hemos cooperado lo que hubiera sido necesario para cumplir los requisitos necesarios para una gobernanza global en salud. Debe existir una apuesta porque la OMS coordine los esfuerzos globales marcando las alertas y las respuestas tempranas para la contención pandémica. Necesitamos avanzar al paso para garantizar que la seguridad en salud global sea un bien garantizado para la humanidad.

Siempre hemos defendido que no dejar a nadie atrás es la clave para el bienestar de todas las personas. Se trata de mejorar la respuesta de todos los países a los desafíos globales de salud pública. En este tiempo, hemos aprendido que hasta que todo el mundo tenga acceso a la vacuna, nadie estará a salvo y que las vacunas existentes deben usarse donde son más beneficiosas para acelerar el final de la pandemia e inhibir la evolución de variantes. Recordemos que en los países del Sur Global todavía no se ha conseguido vacunar al porcentaje necesario de población más vulnerable al virus -personas de mayor edad y con factores de riesgo- ni de personal sanitario, un colectivo que como sabemos debe ser protegido para garantizar el funcionamiento del sistema de salud y de la sociedad en su conjunto.

Los países con sistemas de salud débil -o casi inexistente- y sin recursos económicos deben tener acceso a las técnicas de diagnóstico, prevención y tratamiento, incluida la vacuna. Estos bienes deben ser considerados un derecho universal.

Aprender a respetar el derecho internacional humanitario

Hasta mediados de febrero de este año se habían registrado en el mundo alrededor de 411,7 millones de casos de coronavirus y casi 6 millones de personas (5,84 millones) habían fallecido, incluido en países donde Médicos del Mundo trabaja como Haití, Venezuela, Bolivia, Guatemala, El Salvador y Honduras, donde se han producido 2.725.525 millones de casos y han muerto 59.707 personas; o Ucrania, con 4.672.198 casos y 104.106 muertes. Estas cifras podrían llegar a duplicarse en el transcurso del 2022 si no se vacuna con urgencia en los países con baja tasa de inmunización. Según la OMS se esperan otros 5 millones de muertes por este virus en 2022, más de 10.000 muertes al día

En Ucrania, donde el pasado 24 de febrero se intensificó un conflicto armado existente desde 2014, se habían registrado hasta una semana antes de esa fatídica fecha 4.672.198 casos de COVID-19 y 104.106 muertes por el virus. Las infraestructuras sanitarias se están viendo gravemente afectadas y los servicios de salud y el acceso a suministros médicos están comprometidos. La ruptura de la cadena de suministro deja a las personas que necesitan tratamientos médicos en una muy difícil situación.

En el país, la pandemia sigue teniendo un gran impacto con niveles de incidencia todavía altos e insuficiente cobertura de vacunación entre las poblaciones vulnerabilizadas. Ante la ruptura de la cadena de suministro, la OMS ha advertido sobre la falta de disponibilidad de camas y del oxígeno necesario para el tratamiento de las personas gravemente enfermas de COVID-19. Pedimos facilitar la labor de las organizaciones humanitarias y del personal sanitario encargado de las vacunaciones y de la atención a pacientes, tal y como recoge el derecho internacional humanitario.

La pandemia del coronavirus ha sido la primera de nuestro siglo, pero la ciencia nos dice que no será la última. Nunca olvidemos lo que hemos aprendido. Quizás volvamos a necesitarlo.

Todas las personas hemos aprendido mucho durante la pandemia. ¿Qué aprendizajes NO DEBEMOS OLVIDAR? Puedes compartir con nosotr@s en redes sociales con la etiqueta #NuncaOlvidemos aquello con lo que te quedas.